martes, 8 de diciembre de 2009

La España de los RRCC y los Austrias

La Inquisición. Auto de fe - Berruguete.











Lectura

LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

(Del libro Las brujas y su mu­ndo, de JULIO CARO BAROJA. Alianza, M 1969.)
[Extracto de Ed. Anaya: Geografía e Hª de España. Bachillerato 3]

1. La estructura de la supuesta secta brujeril

Muy abundante es lo que se ha impreso acerca de los brujos y brujas.

Hoy sabemos que la Inquisición, en éste como en otros casos, fue arrastrada a actuar por el celo de la justicia secular y por una ola de pánico de las que periódicamente dominaban el País Vasco y que esta vez se extendió sobre la zona del extremo noroeste de Navarra. Las autoridades civiles habían realizado ya muchos arrestos e incluso habían ejecutado a varias personas cuando la Suprema dio orden al tribunal de Logroño para que realizara una inspección en aquella zona.

El inquisidor don Juan Valle Alvarado fue comisionado para realizarla. Pasó varios meses en Zugarramurdi y recogió muchas denuncias, según las cuales quedaban inculpadas hasta cerca de trescientas personas por delitos de brujería, dejando aparte los niños. De estas personas fueron presas y llevadas a Logroño hasta cuarenta de las que parecieron más culpables.

El auto de fe de Logroño castigó a diferentes penas a varios maestros y «altos cargos» de la corte demoníaca. Según la relación, era «reina del aquelarre» de Zugarramurdi una mujer, llamada Graciana de Barrenechea.

2. Actos cometidos por los sectarios

Esto es lo que se dice de la estructura particular de la secta brujeril de Zugarramurdi y los pueblos vecinos. Con respecto a los actos de los brujos hay que señalar que la relación habla de dos clases de «misterios»: unos mayores y otros menores, según el orden que sigue. Todos los viernes del año había juntas o aquelarres corrientes. Pero en vísperas de ciertas fiestas del año, es decir, las tres Pascuas, las noches de Reyes, la Asunción, Corpus Christi, Todos los Santos, la Purificación, la Natividad de la Virgen y la noche de San Juan celebraban una fiesta más solemne para hacer adoración al Demonio. He aquí, pues, fiestas grandes y fiestas chicas, aquelarres de primera y aquela­rres de segunda o tercera clase, como en la sociedad aldeana hay misas, funerales, etc.

Pero dejando a un lado los sacrilegios propiamente dichos, los brujos y brujas de Zugarramurdi realizaban otras acciones como:

I) Metamorfosis: El Demonio los transforma en puercos, cabras y ovejas, yeguas y otros animales, según que es más a propósito para sus intentos.

II) Maleficios contra campos y bestias.

«Muchas vezes en el año, siempre que los frutos y panes comienzan a florescer, hazen polvos y ponzoñas, y para esto el Demonio aparta a los que ha dado poder y dignidad de hazer ponzoñas y les díze el día en que las han de hazer, y les reparte los campos, para que en quadrillas vayan a buscar las savandijas y cosas de que se an de hazer las dichas ponzoñas:

Una vez hechos salen del aquelarre en figura de diferentes animales con el Demonio a la cabeza llevando la caldera con los polvos maléficos y así se derraman sobre los sitios que han de sufrir el mal diciendo el Demonio:

- «Polvos, polvos, piérdase todo» o «piérdase la mitad» «y salvo sea lo mío.»

III) Maleficios a personas.

Producir enfermedades e incluso muertes fue otro de los actos atribuidos a los brujos. Graciana de Barrenechea, como reina del aquelarre, tenía muchas víctimas en su haber. Las muertes se procuraban dando los polvos maléficos envueltos en un pellejo de sapo a la persona a quien se quería matar o untándola con el ungüento, a la par que se decía: ?El Señor te dé mal de muerte (o tal enfermedad por tanto tiempo).

IV) Vampirismo y necrofagia.

Para preservarlos de que los sacaran de sus casas se cuenta que en Vera de Bidasoa el vicario llevó a dormir a su casa, hasta cuarenta niños, poniéndolos a dormir en una sala grande. Antes de acostarse todos, el mismo vicario los bendecía y así dormían tranquilos, a pesar de que el Demonio mandó hacer sus juntas cerca de la casa del vicario: «e yvan todas las noches a ver si podían sacar, entrando por la puerta de la calle (aunque estavan cerradas) y por las ventanas, haziendo ruydo para poner miedo a los que estavan en casa, y que avian tenido grandes carcaxadas de risa y entretenimiento, por ver el cuydado y diligencia grande con que el vicario andava, con un sobrepelliz ‘ y estola y un libro en la una mano y en la otra un ysopo, echando agua bendita y conjurando a todos los muchachos: y que mas de treynta de los bruxos, se subieron a lo alto del tejado y allí hizieron mucho ruydo y quebraron muchas tejas, y por la dicha razón no pudieron sacar los dichos niños.»

Dieciocho personas de las acusadas fueron reconciliadas por haber confesado todas sus culpas y por haber pedido misericordia con lágrimas en los ojos. En prueba de magnanimidad los inquisidores quitaron el sambenito a María de lureteguia en el mismo auto. Pero, en cambio, la vieja María Zozaya, a pesar de haber confesado sus culpas, murió en la hoguera con otras seis personas más, que se habían resistido.


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